El espacio no puede ser indiferente. Tiene que comunicar, acompañar y responder a la vida real.

Escrito por:
Liliana Gutierrez

A lo largo de mi trayectoria he desarrollado proyectos de distintas escalas y programas: hoteleros, institucionales, corporativos, comerciales y residenciales. Cada uno tiene dinámicas, exigencias y usuarios distintos. Sin embargo, todos comparten un punto de partida común: el espacio no puede ser indiferente. Tiene que comunicar, acompañar y responder a la vida real. En hotelería, esta responsabilidad se vuelve especialmente visible. El huésped llega cargado de expectativas, cansancio o curiosidad. El diseño debe recibirlo, orientarlo y ofrecerle una experiencia coherente desde el primer contacto. Un lobby es un umbral, una habitación es un refugio, un pasillo es el tránsito hacia algo nuevo.
Nada es accesorio. Todo suma a la percepción del lugar. Pero ese mismo principio se aplica cuando diseñamos una oficina, un edificio institucional o una vivienda. En los espacios de trabajo, el diseño influye directamente en la concentración, la colaboración y el bienestar cotidiano. En los espacios educativos o de salud, puede acompañar procesos de aprendizaje, cuidado y recuperación.
En el ámbito residencial, el diseño adquiere un valor íntimo: crear lugares donde las personas se reconocen y se sienten en casa. Con los años he aprendido que el verdadero valor del interiorismo no está en imponer estilos, sino en interpretar contextos. El color, la materialidad, la luz y la escala no son decisiones aisladas; son herramientas que permiten construir atmósferas, ordenar recorridos y dar sentido al espacio. Usadas con criterio, pueden transformar la experiencia sin necesidad de excesos. La capacidad del manejo de las herramientas y conocimiento crece con el tiempo dedicado a ello. Cada proyecto es un aprendizaje nuevo.
De esa mirada nace el concepto de Hotelería con Espíritu, que desarrollamos en García + Torres Arquitectos desde 2020. No como una etiqueta, sino como una forma de pensar el diseño: buscar ese espíritu que cada proyecto desea manifestar y dejar ver, entender su identidad, su entorno y su propósito. Buscamos siempre lograr la mejor experiencia en el usuario. Ese enfoque, aunque surge con fuerza en la hotelería, se traslada naturalmente a todos los demás rubros que abordamos. Diseñar con coherencia, hoy por hoy también implica pensar en el tiempo. En cómo un espacio envejece, se adapta, se mantiene vigente y responde al uso real. Implica tomar decisiones responsables, técnicas y sensibles a la vez. Y, sobre todo, implica entender que el diseño no termina cuando se entrega un proyecto, sino cuando el espacio comienza a ser vivido. Cada vez mas debe ser sostenible y en armonía con sus entorno y comunidad.
Después de muchos proyectos, una aprende que no todo se resuelve con creatividad. El diseño también necesita respaldo técnico, criterio y experiencia compartida. Tener aliados como Contract que entienden el proceso completo —desde la idea hasta el uso cotidiano— es lo que permite que los espacios respondan a la vida real y se sostengan en el tiempo. Hoy creo más que nunca que los espacios tienen un impacto profundo en nuestra salud y en la forma en que vivimos, trabajamos, aprendemos y descansamos. Por eso, diseñar no es solo resolver programas o cumplir funciones. Es asumir una responsabilidad. Es observar con atención al usuario, entender al cliente, decidir con criterio, proyectar con técnica y sobre todo con sensibilidad. Y eso, para mí, es diseñar con espíritu.
Después de muchos proyectos, una aprende que no todo se resuelve con creatividad. El diseño también necesita respaldo técnico, criterio y experiencia compartida. Tener aliados como Contract que entienden el proceso completo —desde la idea hasta el uso cotidiano— es lo que permite que los espacios respondan a la vida real y se sostengan en el tiempo. Hoy creo más que nunca que los espacios tienen un impacto profundo en nuestra salud y en la forma en que vivimos, trabajamos, aprendemos y descansamos. Por eso, diseñar no es solo resolver programas o cumplir funciones. Es asumir una responsabilidad. Es observar con atención al usuario, entender al cliente, decidir con criterio, proyectar con técnica y sobre todo con sensibilidad. Y eso, para mí, es diseñar con espíritu.